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Notas de Opinion y Editoriales: El miedo a la intimidad
09/05/2019 | 55 visitas
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POR BERNARDO STAMATEAS LA NACION


Algunas personas se distancian de aquellos que los rodean y de toda situación que pueda provocarles una sensación de intimidad, pues no se sienten seguros de ser aceptados. Debido a ello, "huyen".

Lo que estas personas en realidad evitan es el rechazo, el sentirse avergonzados o humillados. Su creencia es la siguiente: "Construyendo esta manera de vivir, no necesito depender de nadie". Procuran esconder su baja estima por todos los medios posibles. En su interior, se sienten incapaces. Cuando alguien los felicita, inmediatamente responden: "No es nada", devaluando así su logro y habilidad propia.

Su capacidad de fantasía les hace imaginar un gran dolor. Es decir, que se anticipan a lo que vendrá (de allí, que vivan con tanta ansiedad). Están expectantes o vigilantes frente a toda señal de rechazo que el otro pueda enviarles. Viven alerta a todo lo que sucede a su alrededor, lo cual establece una distancia entre ellos y los demás, y buscan en todo momento preservar su privacidad.




Muchas veces su historia personal de rechazo los hace ser desconfiados hacia los demás. Así, se vuelven retraídos y distantes y, mientras más miran hacia adentro para calmar su gran dosis de ansiedad social, generan una rumiación constante. Podemos decir que, a más mirada interna, menos vínculo con los demás. Así es el descenso: menos vínculos. menos peligro. menos ansiedad. Una manera equivocada de resolver los conflictos.

Desean construir intimidad y expresar su afecto pero creen que esto va asociado al dolor. Poseen una mirada especial del mundo: es un lugar distante y frío. Observan en detalle y con agudeza las reacciones, las posturas y las palabras de los otros. Son muy sensibles a cualquier comentario, a los signos de rechazo o de desprecio por parte de los demás. Así es como rumian constantemente sus pensamientos. Cuanto más contacto hacen con su interior, con ellos mismos, más pierden el contacto con el exterior.

Son personas que han desarrollado mucha introspección, por lo que a veces se sienten distintas de los demás, armando así una "encerrona". No son solo los otros quienes no los valoran sino que ellos mismos tampoco lo hacen. Por esta razón, permanecen atrapados en su soledad interior y se ven como seres humanos débiles.



Poseen una gran capacidad de anticipación a los posibles escenarios. Tratan de evitar así problemas y situaciones que podrían causarles rechazo, conflictos y la toma de decisiones. Cuando finalmente logran armar un vínculo de confianza con alguien, temen mucho perder esa relación y quedarse solos, lo que los lleva a depender de esos pocos lazos que han formado. Muchas veces la sumisión es la conducta elegida para evitar conflictos: ceden sus deseos y se postergan por el bien del vínculo con el otro.

¿Qué podemos hacer para construir intimidad?

  • 1. Buscar refuerzos placenteros. Las personas evitativas tienen pocos suministros de placer, de afecto, llámese hobbies, amigos, proyectos, sueños, etc. Aumentar los espacios placenteros es fundamental para mantener la salud mental.
  • 2. Expresar los deseos propios. Preguntarme en pequeñas situaciones: "¿Qué es lo que quiero?". Y expresar tanto mi "sí" como mi "no". Lo que quiero, lo que deseo, lo que anhelo, lo que me parece mejor. son pequeños cambios en los que uno se permite decirle al otro lo que quiere y nos ayudan a reducir la ansiedad.
  • 3. Frenar el pensamiento adivinatorio. La hipervigilancia hace que uno esté constantemente pendiente del gesto, de la mirada del otro y confunda así lo real con lo imaginario. Podemos pensar entonces: "¿Esto es producto de mi imaginación o es real?" y desarrollar pensamientos realistas, lo cual disminuye el aislamiento.
  • 4. Trabajar en uno mismo. La ansiedad se construye de adentro hacia afuera. Esto no significa: "Querete, cuidate y valorate", sino conocer mis fortalezas y mis debilidades. En este caso, la persona evitadora debe conocer y valorar mucho más sus fortalezas. Podríamos preguntarle a un buen amigo: "¿Qué cosas buenas ves en mí? ¿Qué cosas valorás de mí?". Ser agradecidos con nuestras fortalezas internas nos permite armar el vínculo con los demás con mayor solidez, firmeza y seguridad y construir así algo tan necesario llamado intimidad.

Si tenés alguna inquietud, podés escribirme a Bernardoresponde@gmail.com




Por: Bernardo Stamateas

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