Lo primero parece coercitivo, lo segundo un deseo posiblemente sincero. Trump se siente más a gusto con los liderazgos autoritarios. Pero, además, reconoce en Maduro un individuo que puede ser doblegado. El autócrata chavista ya ha dado señales de su disposición a una apertura total del negocio petrolero y minero a los capitales norteamericanos. Es donde mira el magnate más allá de la opinión del canciller Rubio que apuesta a una solución agresiva que acelere, de paso, el desplome del régimen cubano. Lo cierto es que una operación militar en Venezuela amontona incógnitas.
Desde ya el poderío norteamericano es concluyente, pero no promete un trámite sencillo hacia adelante. Panamá, donde EE.UU. tenía más ventajas, una base militar y el control entonces del Canal, dejó una veintena de muertos entre los marines norteamericanos. Eso no sucederá en este otro paisaje, pero aún así este conflicto ya le genera a Trump temblores sensibles en su base fanática de MAGA donde se desconoce y repudia el valor de supuestas victorias internacionales. Algo más late en esta cuestión: un ataque de cualquier índole a Venezuela, podría romper el aislamiento que experimenta el chavismo en la región, sobre lo cual le advirtió Lula en aquel encuentro.
Trump debe navegar estas circunstancias en momentos complejos y horas bajas. Viene de sufrir una significativa derrota electoral y su imagen está en caída. El escándalo Epstein, con el voto masivo del Congreso para difundir los documentos, exhibió la primera ruptura de la disciplina del partido con el magnate que se negaba furiosamente a esa publicación. La amenaza inflacionaria, a su vez, divide a la FED que duda si bajará las tasas en diciembre. El alza del costo de vida acaba de obligar a Trump a desarmar parte de su estantería arancelaria para bajar los costos de los alimentos.
Son problemas que advierten sobre el examen de las elecciones legislativas del año próximo. Urge resolverlo. Solo notar que 24% de los hogares en EE.UU., un cuarto de la población, viven al día y destinan casi la totalidad de sus ingresos a cubrir necesidades básicas, según un análisis de Bank of America Institute publicado esta semana. De acuerdo con el estudio estos hogares gastan más de 95% de lo que ganan en alimentación, vivienda, gasolina o servicios públicos. Esos son los votantes que eligieron a Trump detrás de la promesa de una mejora en la canasta familiar.
Son datos de coyuntura, es cierto. Pero en la foto de hoy solo 26% de los estadounidenses cree que Trump maneja adecuadamente el costo de vida, dice una encuesta de Reuters/Ipsos. La imagen del presidente cayó al 38%, la más baja desde su regreso al poder. Aun peor, apenas 20% celebra al conjunto del gobierno. Realismo.
©Copyright Clarín 2025
POR MARCELO CANTELMI
CLARIN